viernes, 5 de febrero de 2010

LA MAMMA MORTA

Humor satánico a costa del compositor maldito más desconocido del s. XVIII.

La mayoría de la gente no conoce a Chiapianna, como no conoce el peso atómico del protoactinio ni cómo programar el vídeo, y no por ello son menos felices, ni más tampoco. Yo, que sí lo conozco, he visto esta noche a Silvia Marsó en la tele y, claro, la inevitable asociación de ideas me ha llevado a evocar ese gran maestro ignoto del XVIII.

Luigi Michelle Chiapianna tuvo una infancia feliz: nunca leyó a Poe, que aún no había nacido, y nunca suspendió matemáticas, pues estudió música. Su padre no quería que fuera como Mozart, pero la fascinación del pequeño por el piano le llevó a desmontar tres. Hemos de recordar que en aquella época no se utilizaba el destornillador, y este hecho le condujo a destrozarse las uñas y las yemas de los dedos.

Así mutilado, pasó gran parte de su adolescencia encerrado en su estudio, y de ahí surgieron sus primeras composiciones para, lógicamente, triángulo y xilófono, que dominaba con sus muñoncitos. A esto se añadiría otro suceso trágico: se enamora perdidamente de su profesora de dibujo, una joven aristócrata setenta años mayor que él.

Mientras los otros muchachos se ganaban las alabanzas de la maestra con sus ejercicios de paisajes llenos de color y bodegones con atrevidos claroscuros, la torturada mente del joven genio no le permitía otra cosa que pintar una y otra vez el retrato del rostro que tanto amaba, la redundante palidez blanquinívea de su piel, la deseada geografía de su torso... Pero, ay, sus limitaciones físicas siempre se interponían, y el resultado de sus esfuerzos era tan desigual que el joven admirador jamás osó mostrarle a su mentora aquellas creaciones suyas.
- Luigi Michelle, ¿habéis terminado el dibujo que propuse para hoy?
Y él siempre le ocultaba su cuaderno, sucio con torpes garabatos, con lo que ésta terminó por expulsarlo de clase por creerlo indolente, y le cobró la mensualidad completa. Este último trauma lo arrastró a encerrarse en su música, y es en esta época cuando compone sus más apasionadas obras, que, afortunadamente para todos nosotros, se han perdido ahogadas en los charcos del tiempo.

Hastiado del triángulo y el xilófono, a la edad de veinte años, abandona su Florencia natal y parte en busca de mejor fortuna a la corte del rey Arturo. Pero jamás llegaría a su destino.

Durante el trayecto, una noche fatal, entre los delirios de la fiebre y la absenta, en una ermita abandonada y mil veces profanada, concibe la idea que le haría pasar a la posteridad: firma un pacto con el Diablo en el que le entrega su alma inmortal a cambio de un solo momento de inspiración, un leve susurro de sus musas malditas en el que le sugirieran su obra cumbre, la cima de la música satánica, La Mamma Morta.

Antes de que hubiera salido el sol ya tenía la partitura, escrita con sus propias heces y orines, y su alma condenada para siempre.

Chiapianna recorrió con su sinfonía los teatros de toda Europa, en vano, pues nadie quería estrenarla, en gran parte por el fétido olor que desprendía. Desesperado por su fracaso, se arrojó a las violentas aguas del río, donde se ahogó a pesar de no saber nadar.

Durante años, sus herederos se afanaron en ocultar esta abominación, aunque no se atrevieron a destruirla, animados especialmente con la llegada de la televisión. Hasta que, por casualidad, yo he encontrado la partitura en una página de Internet. Emocionado con el hallazgo, encargué los servicios de un joven cuarteto de cuerda en paro para interpretarla. Iban a sacar su primer disco, pero, por dejadez o porque no cabía en la tapa del compact, no añadieron al nombre de su grupo el imprescindible “del País Valencià”, y se quedaron sin subvención. Y así es como he conseguido que grabáramos esta pieza incunable en un karaoke, y así es como estoy disfrutando sus atroces acordes mientras escribo estas líneas, demasiadas me temo, en homenaje al olvidado maestro, habitante por siempre jamás de los aposentos del infierno.

La Mamma Morta.

Movimiento Uno: Herodes viola y mata a la Virgen María.
Movimiento Dos: Judas denuncia a Jesús por pederasta.
Movimiento Tres: un movimiento sensual de Mª Magdalena (POSIBLE CANCIÓN DEL VERANO)
Movimiento Cuatro: Alfil a Torre Tres. Moisés pide tablas.