viernes, 5 de febrero de 2010

EL ESCRITOR

Hola, estoy en estos días muy perturbado por lo que ha venido sucediendo conmigo, y por cómo la realidad se está mezclando con la ficción, así que pido me discupen por la falta de estilo que tal vez encuentren en mis palabras.

Debo hablar un poco sobre mí. Soy escritor. Desde niño me han encantado las historias de terror, pero desde los doce años no he logrado sentir miedo, ni el más mínimo al ver filmes, leer libros o escuchar historias de terror. Fue por eso que decidí escribir, tal vez si llevaba al límite mi imaginación podría conseguir una historia que me despertara aquella sensación de terror mezclado con placer. Sin embargo hasta hace muy poco, no lo había podido conseguir. Desperdicio mis días escribiendo pequeños cuentos que nadie lee, para un pequeño semanario que subsiste engañando a las personas. Aquí, en México existen muchas publicaciones similares.

Como sea, llevo ya siete meses trabajando en una novela que parece estar logrando el milagro.

Estoy convencido que una buena trama de terror debe contener tres elementos:
- Realismo, debe ser una historia que parezca posible para cualquiera que la lea, de ser posible debe tener fundamento científico; así los lectores siempre sienten en su propia piel el terror que sienten los personajes.
- Debe contener el elemento paranormal; lo que distingue una buena historia de terror de una carnicería tipo Scream, es el fondo supernatural que debe llevar el villano; lo que lo convierte en un ser superior, regido por leyes diferentes, con habilidades y debilidades distintas a las humanas.
- Por último, una buena historia debe contar con la mortalidad. La mortalidad es el ingrediente más importante, ya que el temor a la muerte es el más arraigado en la mente del ser humano.

Yo vivo en una casa muy vieja, de la época colonial. Es una enorme casa de cantera, con pasillos oscuros, gárgolas lúgubres y un inmenso patio con piso de cemento. La casa no es de mi propiedad, sin embargo perteneció a mi familia en tiempos remotos, así que siento rondar a los fantasmas de mis antepasados en cada rincón de la casa. Es una excelente inspiración para escribir historias de terror.

Siempre quise utilizar esta casa como escenario para una historia, pero fue hace muy poco que me vino la brillante idea de convertirla en protagonista. Una casa como esta pude contener los más escabrosos secretos, pero ¿por qué debían ser espectros, monstruos, duendes o malvados hechiceros que la habitaran? ¿Por qué no tener el terrible secreto de que la casa está viva?

Era una idea revolucionaria, así que trabajé en ella. La historia, en pocas palabras es algo como ésto:

La casa nunca había sido construida, nació viva, pero pequeña, débil. La casa necesitaba de almas humanas para crecer, poco a poco, narro la historia de personas que habitan la casa, su estadía en ella, la forma en que la casa interfiere en su historia, se apodera de ellos, los hace sus esclavos y se alimenta de ellos, creciendo tan gradualmente, que nadie nota su lenta evolución a traves de más de cuatro siglos de devorar almas.

Sin embargo, la historia ha superado el plano del papel. Comenzó con cosas pequeñas. Una silla que se rompe de pronto, una puerta en el librero que se niega a abrir, una lámpara que se niega a encender.

Pronto las cosas que parecían pequeñas crecieron. Los árboles comenzaron a moverse en el jardín. Todos los árboles se mueven, ya lo sé. Sin embargo mis árboles comenzaron a andar sobre sus raíces, a doblar sus troncos, a entretejer sus ramas. En dos semanas de movimiento constante los ví cerrar por completo el acceso al jardín.

Llamé al dueño de la casa, un viejo viudo, hermitaño y malhumorado para que viera los extraños sucesos.

Al llegar el anciano señor Iturriaga a su casa, casi no la reconoció. Entró reclamándome, maldiciéndome y santiguándose.
- ¿Por qué has construido ese balcón? ¡Eres un insensato! -Era cierto, en ese momento recordé que la casa no tenía un balcón cuando me mudé. ¿Pero de dónde había salido?

Entre maldiciones y regaños, Don Mario Iturriaga descubría las modificaciones que apreciaba en su casa.
- Espero que no hayas tocado el sótano. ¡Mi querida Clara está enterrada allá! ¡Sí algo ha pasado con el sepulcro de mi Clara...

Le ví bajar la escalera al sótano hace un mes. Le escuchaba vociferar alejándose por la escalera. Nunca me dio oportunidad de explicar nada. Hoy la escalera ya no existe, la casa la desapareció, con el señor Iturriaga y su querida Clara dentro.

La casa me mantiene preso. Hace ya un mes que no he encontrado el camino siempre cambiante hacia la puerta, nadie oye mis gritos de auxilio, sabe cuando voy a pedir ayuda en el teléfono o la computadora y los esconde. Sin embargo me deja escribir estas líneas y enviarlas, tal vez por que en ellas no pido ayuda, tal vez porque estoy resignado a ser su alimento, tal vez porque quiere que sepan de ella y vengan a visitarla.